Un buen vocero no se define solo por lo que dice, sino por lo que su cuerpo y su rostro confirman. Las expresiones corporales y los gestos sostienen y refuerzan los mensajes, especialmente en contextos críticos donde está en juego la reputación, ya sea de una empresa, organización o de la persona misma. Así se aborda en el artículo “Vocería, clave para proteger la reputación corporativa”. De ahí que la capacidad de la persona responsable de la vocería para reconocer, gestionar y autorregular sus reacciones sea determinante en el desarrollo de sus intervenciones públicas.
La comunicación sin palabras es el vehículo a través del cual la emoción se hace visible. Por ello, no basta tener claridad en el mensaje verbal si este no va acompañado por una manifestación corporal y facial congruente. De este modo, la emoción antecede a la palabra y condiciona la forma en que el mensaje es recibido. Maya Angelou, escritora estadounidense, lo explica claramente: “La gente olvidará lo que dijiste, pero nunca olvidará lo que les hiciste sentir”.
Tres poderes que el lenguaje no verbal confiere al vocero
Cuando el vocero no es consciente de su lenguaje no verbal, corre el riesgo de contradecir o incluso diluir un discurso verbal bien construido. Desde esta lógica, Bárbara Tijerina afirma en su libro “El poder del lenguaje sin palabras” que dominar su comunicación corporal concede al vocero tres poderes clave:
- Proyectar confianza y autoridad
El control consciente y dirección estratégica de posturas, gestos y movimientos, reduce señales de nerviosismo, evita contradicciones y da coherencia al mensaje. Lo relevante es que el cuerpo no solo influye hacia afuera, sino también hacia adentro. La evidencia en comunicación y psicología aplicada revela que la postura modifica el estado mental del vocero, impactando su control emocional, capacidad de toma de decisiones y seguridad.
- Influir y conectar
El lenguaje corporal no solo comunica información, también regula estados emocionales y cognitivos. La postura, el ritmo de movimiento y el tono corporal emiten señales que la audiencia interpreta de forma inmediata, generando climas de apertura, tensión, confianza o inquietud. Un cuerpo estable y congruente induce calma y disposición; uno rígido o errático transmite alerta y resistencia.
- Observación y detección
El autoconocimiento es el punto de partida para leer a los demás. Reconocer sus propias reacciones permite al vocero afinar la observación y descifrar si la otra persona está interesada en su mensaje, si muestra apertura o existe tensión o desconexión.
Un cuarto poder: la autenticidad como huella distintiva del vocero
A estos tres poderes del lenguaje no verbal, añadiría uno más: la autenticidad, entendida como el “sello personal”. Se construye cuando el vocero alinea su lenguaje corporal con su intención: la manera en que entra en un espacio, sostiene la mirada, marca pausas, usa las manos y regula su energía. Este es un elemento decisivo porque la gente no solo escucha el contenido, evalúa a la persona.
En síntesis, una vocería exitosa debe ser auténtica, no sobreactuar ni esconderse. Debe poder sostener una presencia congruente y emocionalmente regulada. Esa coherencia es la base de la confianza, y por ello, en Proa, empresa de comunicación y asuntos públicos con 24 años de experiencia en el mercado, hemos desarrollado un portafolio de cursos de vocería que integran competencias verbales y no verbales.






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